Albricias Luna


 


ALBRICIAS LUNA
Siempre tiene alguna (Vida de un mal arriado) Una historia dibujada por Daniel Lapetina






PRÓLOGO

Albricias Luna era insoportable.  Nació en un lejanísimo puesto de la Loma del Culto, denominado así en homenaje al predicador desconocido, a esos curas abnegados que recorrían la campaña tratando de evangelizar a los infieles, también conocidos como adúlteros o pata 'e lana. Albricias resultó sietemesino porque su madre dijo que no estaba dispuesta a soportarlo dos meses más. Le puso Albricias por la alegría que le dio sacárselo de encima. 

A las cuarenta y ocho horas de nacido lo abandonaron. Su madre está inhallable desde entonces. Fue criado sucesivamente por una enfermera del hospital, por el guardián de la plaza que está enfrente del hospital, donde fue arrojado por la enfermera; por un empleado del servicio de recolección de basura que hace el recorrido céntrico y pasa por la plaza que está frente al hospital y por un ciruja que revisa diariamente el basural del pueblo, donde fue arrojado por el empleado del servicio de recolección. 

Un par de años después, una denuncia anónima que reciben los bomberos los lleva hacia un monte cercano, donde hallan a un niño que, aparentemente, había sido criado -como Rómulo y Remo- por una perra o una loba. Llegan a esta conclusión debido a las marcas de dentelladas que el niño tenía en todo su cuerpo. 

Un bombero voluntario que integraba la dotación que lo halló se hizo cargo de su crianza. La huella de Albricias se pierde en su más tierna infancia, cuando huye del bombero voluntario que lo perseguía con su hacha reglamentaria. Lamentablemente, el cura del pueblo llegó tarde con la idea de hacerle un exorcismo.

Dos décadas después, un forastero llega a Loma del Culto para hacerse cargo de una chacrita que acababa de heredar. Los recuerdos afloran en algunos veteranos cuando realiza los trámites propios de la radicación. ¡Albricias Luna había regresado! Algunas viejas se santiguaban al enterarse. Los bomberos trabajaban a puerta cerrada y pidieron autorización para llevar pistola. El cura del pueblo llamó al obispado para que le reforzaran la provisión de agua bendita. Los más jóvenes, como no conocían la historia, se tomaban las cosas a la chacota.

Hace unos años, la Comisión de Olvidos Históricos creada por el intendente Valvidares convocó a los vecinos para que relataran con el fin de registrarlos en un libro todos los hechos que consideraran merecedores del olvido en la vida del pueblo. Se destacaron todos los recuerdos referidos a Albricias Luna. Hubo que habilitar horarios especiales porque de distintos puntos del país venían vendedores, comisionistas, predicadores evangélicos, a contar episodios que nadie debería recordar en lo sucesivo. Se editó un libro sólo para el caso de Albricias. Del total de esas 5.500 páginas extraigo sólo algunas historias para que los lectores sepan de quién estoy hablando. Dicen que en todos los pagos hay un Albricias Luna. No sé, ustedes dirán.

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